domingo, 20 de enero de 2008

Campanilla


Querido Congo:

Hace muchos días ya que no te escribo. No es que me hayan faltado ganas o que no haya tenido tiempo. Son las excusas más corrientes pero no se trata de nada de eso. Es que no he sabido que contarte. Sí, ya sé que te parecerá absurdo pero a veces me siento así.

Empiezo a pensar que te aburren mis cartas, que te asustan mis sentimientos, que prefieres que todo transcurra más despacio y dejo de fluir. Mi corazón se cierra en banda, mis dedos se agarrotan y no consigo pasar del primer párrafo. Es el miedo, Congo. Porque tengo unos fantasmas que me asustan mucho, mucho.

Siempre procuro buscar el ánimo más positivo y cuando me van mal las cosas tomarme los caramelos de “échate todo a la espalda” (recomendación de una querida amiga). Pero nada es tan sencillo. Si alguna suerte tengo, porque para mi es una gran ventaja, es que el miedo nunca me impide luchar por conseguir aquello en lo que creo por mucho que sufra. Todos los esfuerzos merecen la pena y me hacen mejor persona aún cuando no consiga mis propósitos.

Estoy convencida que es bueno tener sueños, una meta, un destino, un fin. Cada uno busca aquello que más necesita. No sé si conseguiré alguna vez lo que busco pero tengo la certeza de que me moriré intentándolo. La tenacidad para levantarme en los avatares desafortunados que han surgido en mi camino ha sido siempre el factor determinante para poder avanzar.

Y ya no sé por dónde seguir ¿Ves cómo era ciento lo que te contaba? Me pongo a escribir… a filosofar, debería decir, y no te cuento nada que resulte divertido, que es lo que debería hacer, se supone.

Decirte que intento pasar mis días lo mejor posible. Y como todo el mundo tengo días buenos y días menos buenos. Hay días que pienso mucho en ti y otros en los que no pienso tanto. Tengo una burbuja particular para nosotros en mi imaginación y luego está el resto del mundo.

Te dejo ya, Congo. Es tarde y me siento muy cansada. Me voy a la cama a leer un rato. ¿Te dije que había terminado por fin el dichoso libro? Ahora estoy con un poemario maravilloso. Te gustaría, claro que tendría que primero traducírtelo.

Y ya es el turno de los besos y abrazos. Cierra los ojos. Hoy son tan suaves que apenas notarás que estoy con mis labios en tu piel. Sólo sentirás un leve y agradable cosquilleo como si te hubiese besado alguien tan ligero, como Campanilla, la amiga de Peter Pan.

P.D.: Creer en mis sueños me ha ayudado siempre a superar el abatimiento. Y hoy creo en ti, Congo. Y me siento orgullosa.

1 comentario:

Paz Zeltia dijo...

Empiezo a pensar que te aburren mis cartas, que te asustan mis sentimientos, que prefieres que todo transcurra más despacio y dejo de fluir.

a mí me pasó éso muchas veces.
es como si necesitase que me vayan soplandito para avivar el fuego.
:-)